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Parroquia San  Juan Evangelista

Vigilia Pascual 2013

VIGILIA PASCUAL

            Siguiendo una muy antigua tradición, la Iglesia convoca a sus hijos en esta “noche santa y poderosa” que es la Vigilia Pascual, a velar en oración, viviendo la experiencia de la alegría de Jesús resucitado, escuchando la historia de la salvación, con el anuncio del Pregón Pascual y la abundante Palabra de Dios. IMG_0461.JPG

La oración, el mensaje cristiano de cada lectura, los silencios, los cantos, la luz del cirio, la renovación de las promesas bautismales con la aspersión del agua bendita, tendrán la fuerza suficiente para transformar nuestras vidas en hombres nuevos, a imagen del Señor Resucitado. “Luz gozosa de la santa gloria del Padre..”, raíz y cimiento de la fe cristiana y gozosa esperanza de nuestra futura resurrección.

Cada uno de los que participamos en esta Vigilia Santa hemos de hacer resonar en nosotros el gozoso anuncio del ángel a las tres mujeres (María Magdalena, María la de Santiago y Salomé), que de madrugada se acercaron al sepulcro para embalsamar el cuerpo de Jesús: “No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado?. No está aquí, ha resucitado. Como las tres Marías, ahora alegres, dinámicas y mensajeras ante Pedro y los discípulos de la gran noticia de que el Maestro vive, también nosotros tenemos que ser portadores ante nuestros hermanos y el mundo entero, de que ¡Jesús vive!

El es nuestra alegría, la cabeza de la iglesia y la razón de ser testigos del Resucitado ante los que no le conocen, y ante los que le han olvidado o han perdido la fe.

Dirá San Pablo en la Primera Carta a los Corintios, capítulo 15: “Si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carece de sentido, y nuestra fe lo mismo. Además, como testigos de Dios, resultamos unos embusteros, porque en nuestro testimonio le atribuimos falsamente haber resucitado a Cristo. (1 Cor. (15, 14)IMG_0453.JPG

La reacción ante este anuncio es parecida en todos los tiempos: Unos creen este anuncio y otros no. Los incrédulos lo interpretan como un engaño o como una alucinación de unos discípulos fanáticos. Incluso aquellos que aceptan la figura de Jesús como un profeta extraordinario, no admiten la Resurrección como un acontecimiento histórico. Benedicto XVI, en el tomo segundo de Jesús de Nazaret, afirma: La Resurrección de Jesús va más allá de la historia, pero se inicia en la historia, pertenece a la historia  y ha dejado su huella en ella.

¿No es verdad que a nosotros también nos cuesta creer en la Resurrección?. Hay algunos cristianos que se consideran tales y ponen muchas pegas a la hora de aceptar esta verdad de fe. Hay quienes tienen muchos reparos en acoger es testimonio de los apóstoles, los relatos evangélicos sobre las apariciones, la presencia del sepulcro vacío y admiten sin ningún tipo de discusión la creencia en la reencarnación positiva influenciados por las corrientes orientales y la Nueva Era.

El hombre moderno, sin fe, busca vivir a tope el presente, sin ocuparse del mañana, pues el mañana – dicen-, sólo existe en la imaginación de los ingenuos.

Aceptar a Cristo vivo, resucitado, supone dejarnos interpelar, cuestionar, por El. Aceptar a Cristo vivo no significa desentenderse de las realidades del mundo, de los gozos y las esperanzas de los hombres, de la lucha por la justicia y la verdad; más bien se trata de lo contrario: ir construyendo desde aquí el Reino de Dios, que tendrá su plenitud en la Pascua eterna.

Esta vigilia, como decíamos al comienzo, tiene claras resonancias bautismales. Los que por el Bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte y Resurrección. En la medida en que vayamos muriendo al pecado, en esa misma medida nos sentiremos vivificados con Cristo vivo. “Dejad, pues las obras de las tinieblas (egoísmo, envidia, idolatría, odio, mentira, injusticias, y vestíos de la armadura de la luz”.

Portadores de luz, de fe, de nueva evangelización.

Con María, la Madre de Jesús y de la iglesia, gocemos de esta noche de luz y alegría. Ella nunca dudó de las palabras de su hijo, se mantuvo fiel a la fe y a la esperanza que nunca confunden a quienes se entregan definitivamente a Dios y por ello es imagen de la iglesia que un día ha de ser glorificada.

La Pascua del Señor nos inyecta una gran dosis de alegría. ¡La necesitamos tanto! ¡Estamos tan escasos de sonrisas! ¡Vivimos tan al borde del precipicio!

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