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Parroquia San  Juan Evangelista

"Rema mar adentro"

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La liturgia de este domingo aborda el tema de la llamada del Señor y de la respuesta libre y generosa de los llamados. Los cristianos hemos sido llamados y elegidos por Cristo en el Bautismo, por el cual hemos sido introducidos en su misterio, hechos miembros de la iglesia y partícipes en su misión de anunciar el evangelio.

            Vamos a detenernos en la contemplación de los tres personajes que aparecen en las lecturas y el evangelio y que reciben una llamada especial del Señor.

            Isaías: Ante la grandeza e inmensidad de Dios, se da cuenta de su pequeñez: “Soy un hombre de labios impuros”. Es la historia que se repite en todos los hombres que han descubierto, o adivinado la majestad  de Dios: Moisés, Josué, David… Jeremías: “Mira, Señor, que no sé hablar, que soy un muchacho….”

            San Pablo: Se siente como un aborto, como algo que no merece ser amado: “Por la gracia de Dios soy lo que soy”. “ la fuerza de Dios se realiza en la debilidad”

            Pedro: Su respuesta a la invitación del Maestro a echar las redes, pone de manifiesto una fe inicial: “por tu palabra echaré las redes”. Luego, ante la pesca abundante, reconoce la manifestación de Dios y se reconoce él mismo como pecador: “apártate de mí, que soy un pecador”

            Dichoso el hombre, que cuando de encuentra delante de Dios, no se llena de soberbia, sino que como Isaías, Pablo y Pedro, cae de rodillas y proclama: “soy un pecador”

            A pesar de nuestra conciencia de miseria y pecado, Dios nos ha llamado a todos a llevar su palabra, nos ha querido como instrumentos suyos; no admite la disculpa de nuestra impureza y nuestra miseria:

- No temas, le dice a Isaías, yo purifico tus labios, para que tu palabra sea espada afilada.

- No temas Pablo, yo te hago colaborador de mi obra: “te basta mi gracia”

- No temas, Pedro, desde ahora serás “pescador de hombres”

No podemos quedarnos parados y decir: “No hay nada que hacer”

  • Tenemos miedo porque la barca se mueve mucho y la azotan las olas
  • Tenemos miedo a declararnos católicos y nos da rubor hablar de Dios en nuestra familia.
  • Tenemos miedo al futuro porque no sabemos qué podemos hacer.
  • Tenemos miedo a vernos poco formados religiosamente.
  • Tenemos miedo, porque ponemos la fuerza en los medios  humanos, cuando vamos enviados por el Señor.

El mar es hoy:

-          la familia

-          el lugar de trabajo

-          el colegio

-          las amistades

-          la sociedad, la política.

Echar las redes, aunque no hayamos cogido nada. Quizás poco fruto, comparado con el esfuerzo que hemos hecho.

Pero en tu nombre echaremos las redes. Sigue trabajando, sigue viviendo, sigue luchando. La vida ordinaria es el lugar de la experiencia de Dios, es donde El se manifiesta. Esta presencia de Dios en lo cotidiano despierta confianza, seguridad, espe ranza.

“Rema mar adentro”. Ve a lo profundo, a lo esencial, no te quedes en la “cáscara” de las cosas. Descubre dentro de ti ese Dios que vive. Descubre el valor de la interioridad, de la espiritualidad.

Y la palabra que fue escuchada, que fue aceptada, les cambia la vida. “Sacaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron”

Todos, pastores y fieles, como iglesia viva, viña del Señor, según la propia vocación, estamos llamados a colaborar en la expansión del Reino de Dios, sin complejos, con comunión de fe y amor, porque Cristo y su Espíritu nos acompaña, fortalece nuestra fe con la Palabra y el Pan de vida eterna.

“No hay justicia sin igualdad”. Con este lema Manos Unidas continúa presentando los distintos Objetivos de Desarrollo del Milenio, centrando este año su trabajo en el Objetivo número 3 “Promover la igualdad de sexos y la autonomía de la mu jer”. La presente Campaña quiere ser una llamada a la conciencia de la sociedad para que colabore en la defensa efectiva del desarrollo integral de cada persona, hombre y mujer, y del ejercicio de todos y cada uno de sus derechos fundamentales, gravemente conculcados y numerosas partes del mundo. Son muchos los países, los hábitos y las circunstancias en las que la mujer padece las consecuencias de la desigualdad. Seguir a Jesús es prestar nuestra colaboración para que se acaben las injusticias y las desigualdades económicas y sociales.

 

 

 

 

 

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