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Parroquia San  Juan Evangelista

Testimonios de la JMJ: Álvaro Zamora

Testimonios de la JMJ: Álvaro Zamora
Testimonios de la JMJ: Álvaro Zamora
Testimonios de la JMJ: Álvaro Zamora
Testimonios de la JMJ: Álvaro Zamora

            Hola a todos, voy a empezar presentándome. Soy Álvaro, tengo 22 años y soy seminarista. Llevo un año destinado en S. Juan Evangelista para dar catequesis entre otras cosas.

            Os voy a contar mi experiencia en la Jornada Mundial de la Juventud.

La verdad es que no fui muy consciente de lo que estaba haciendo y a dónde iba hasta que nos montamos en el avión. Ahí fue cuando empecé a darle vueltas a todo lo que había a mi alrededor. ¿Qué había? ochenta jóvenes burgaleses de distintos puntos geográficos de la provincia, de distintas parroquias y de diferentes edades que íbamos a sumarnos a ese millón y medio de jóvenes de todo el mundo para manifestar que los jóvenes también tenemos hueco en la Iglesia y somos muy importante en ella.

            Iba con la idea de que lo que más me iba a marcar era la Vigilia y la Misa con el Papa en el “Campus de la Misericordia” pero no fue así, quizás porque ya había visto al Papa mas cerca en Roma o porque me agobio bastante con tanta masa de gente y no lo disfruto igual. Lo que realmente me ayudó, emocionó y - porqué no decirlo -, en alguna ocasión se me escapaba alguna lágrima, fueron cosas muy sencillas y fue ver a jóvenes de muchos tipos confesarse. Me explico. Desde un punki de los clásicos, con su cresta perfectamente peinada, sus cadenas, sus botas… de rodillas ante el sacerdote y confesarse, desde estar confesando un cura a un joven de su parroquia y de la nada aparecer cincuenta jóvenes haciendo cola para recibir el Sacramento del perdón… como digo cosas “tontas”. Son cosas que no estoy acostumbrado a ver porque en Burgos no es frecuente ver que tantos jóvenes se confiesen o que punkis también lo hagan cuando suele ser al revés, ese rechazo hacia las cosas de la Iglesia.

            La segunda cosa que me ha marcado ha sido la acogida de las familias polacas y creo que en esto estaremos de acuerdo todos los que hemos ido. Durante la JMJ nos quedábamos a dormir en casas de familias que acogían peregrinos. Estuvimos en tres familias distintas y todas de quitarse el sombrero. Fue una experiencia de diez. Yo iba con nervios porque no conocemos a nadie, la dificultad del idioma… Luego ves que eso no son obstáculos, la confianza te entra con su generosidad y su testimonio de vida cristiano, el idioma… unos lo salvaron mejor que otros,  pero en estos tiempos hay miles de aplicaciones y siempre nos quedaban los gestos. Muchas familias dormían en el suelo o en camas plegables para dejarnos a nosotros las camas cómodas. Madrugaban para prepararnos el desayuno, nos mimaban con pequeños detalles que decían mucho. Éramos parte de esas familias y así nos lo hacían ver. Siempre que recuerdo las tres familias me viene a la cabeza esa frase del Evangelio de “Dad gratis loo que habéis recibido gratis”. Todo hablaba de la misericordia, tanto el impacto de las confesiones como el impacto de las familias que se puede relacionar con esa obra de misericordia de dar posada al peregrino.

            Algunos daban hasta lo que no tenían y cuanto menos tenían mas daban. Me preguntaba si yo era capaz de eso, de esa entrega hasta cuando no puedo más…

            Un viaje lleno de aventuras, de experiencias que seguro que las cámaras de fotos no han podido recoger pero si nuestro corazón.

 

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