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Parroquia San  Juan Evangelista

"Mirad el árbol de la cruz"

"Mirad el árbol de la cruz"
"Mirad el árbol de la cruz"
"Mirad el árbol de la cruz"
"Mirad el árbol de la cruz"
"Mirad el árbol de la cruz"
"Mirad el árbol de la cruz"
"Mirad el árbol de la cruz"

En esta tarde del Viernes Santo, nos disponemos a celebrar la Pasión del Señor. La liturgia de este día con la austeridad en los signos externos: el altar desnudo, el sagrario abierto, la cruz cubierta por un paño, el silencio de las campanas, nos invitan al recogimiento y a la oración.

El altar desnudo, el sagrario vacío nos hablan de la soledad de Cristo en el Calvario, en sus momentos de agonía; la soledad de Cristo fue real, profunda, dolorosa.

Los apóstoles: unos se duermen en el monte de los olivos, ajenos al dolor de Jesús; otros se dispersan cuando llega Judas con un grupo de hombres armados; Pedro le siguió de lejos hasta el atrio de la casa de Cleofás, pero allí por miedo negó que le conocía, ante las preguntas de una criada.

Sólo su madre y algunas mujeres permanecían al lado de la cruz.

La cruz, símbolo pagano de suplicio y de tormento, se convierte para nosotros los cristianos, en signo de victoria de  Cristo sobre la muerte. La cruz es el grano de trigo que si no cae en tierra y muere, no puede dar fruto.

Así como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así también Jesús fue elevado sobre la cruz, para que seamos curados. Aquí estamos nosotros también con nuestros agobios encima y con nuestro veneno dentro. Si nos miramos por dentro nos reconocemos pecadores, enfermos necesitados de un buen tratamiento.

  • Estamos enfermos por nuestra falta de fe: no nos fiamos del todo de Cristo, no nos ponemos enteramente en sus manos; no contamos con él, sino que nos apoyamos demasiado en nosotros mismos.
  • Estamos enfermos por nuestra falta de caridad. Nuestra relación con los hermanos es fría, distante, e incluso agresiva; no nos comprendemos, no nos perdonamos, no compartimos y no nos unimos. En el fondo es que no nos queremos.
  • Estamos enfermos de nuestro exceso de violencia. Recordad el ejemplo de Jesús, su comportamiento con la mujer adúltera, comparado con el de los fariseos y letrados, que le juzgan sin piedad.
  • Estamos enfermos por nuestro exceso de orgullo y ambiciones, enfermos por nuestra sed insaciable de cosas y placeres.

Pero se nos ofrece una medicina: MIRARLE.

  • Mirarle con detenimiento: que se nos queden bien grabados esos ojos penetrantes, esas llagas profundas, esos gestos pacíficos.
  • Mirarle con arrepentimiento; cuelga tu orgullo en su cabeza coronada de espinas, tus violencias en sus brazos pacíficos, tus ambiciones en sus manos abiertas, tus impaciencias en  sus pies clavados, mete el egoísmo en su corazón roto, Llora tus pecados junto a la cruz y déjate lavar por la sangre y el agua que brotan de su costado.
  • Mírale con agradecimiento, con fe y amor: “Una mirada de fe es la que puede salvar al pecador”. Una mirada de amor puede llegar a transformarte.

Necesitamos y pedimos Jesús, tu mirada:

  • para quedar perdonados: Tu mirada es compasiva y purificadora, penetra hasta el fondo curándolo todo con la medicina de tu amor.
  • Para quedar rehabilitados. Con tu mirada sentimos deseos de ser limpios, de seguirte, de abrirnos a los demás.
  • Para que nuestros ojos se parezcan a los tuyos. Cuando el Señor nos mira, pone en nosotros ojos nuevos.

Resuenan en esta tarde en nuestros oídos las palabras de Jesús: “El que quiera venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y me siga”. “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré, ,porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.

            Que nuestro gesto externo de adoración de la cruz sea signo de nuestra adhesión a Cristo, de un deseo grande de tomar nuestras cruces propias y de una confianza en que Jesús en la Cruz es el fundamento de nuestra esperanza.

            Terminemos con este himno de la liturgia:

“En esta tarde, Cristo del Calvario, vine a rogarte por mi carne enferma, pero al mirarte, mis ojos van y vienen de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza. ¿Cómo quejarme de mis pies cansado, cuando veo los tuyos destrozados?. ¿Cómo mostrarte mis manos vacías, cuando las tuyas están llenas de heridas?. ¿Cómo explicarte a ti mi soledad, cuando en la cruz, alzado y solo estás. ¿ Cómo decirte que no tengo amor, cuando tienes traspasado el corazón?

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